La Frontera de Pinamar: cuando el problema no es el accidente, sino la conversación que evitamos

El accidente ocurrido en La Frontera volvió a poner en agenda el uso de vehículos UTV. Más allá del impacto emocional y del proceso judicial en curso, el caso expone un problema cultural más profundo: cómo una sociedad piensa, regula y habita sus espacios de riesgo.
El reciente accidente ocurrido en la zona conocida como La Frontera, en Pinamar, reactivó una cobertura mediática intensa y una discusión inmediata en redes sociales. El foco inicial estuvo puesto en el hecho, en las responsabilidades individuales y en el uso de vehículos UTV (Utility Terrain Vehicle). Sin embargo, a medida que avanzaron los días, quedó en evidencia una limitación recurrente: la dificultad para transformar la noticia en aprendizaje colectivo.
El padecimiento de un niño conmueve y atraviesa cualquier análisis racional. Nadie quiere leer esta noticia, y nadie quiere imaginarse en ese lugar. Precisamente por eso, el desafío no es amplificar el impacto emocional, sino habilitar una conversación que permita comprender qué está ocurriendo y por qué estos hechos se repiten.
¿Qué es realmente La Frontera?
La pregunta parece simple, pero encierra una complejidad central.
¿La Frontera es un espacio privado?
¿Es público?
¿Es una zona recreativa, productiva o un territorio sin definición clara?
Desde una mirada cultural, La Frontera funciona como un territorio ambiguo. No está plenamente regulado, pero tampoco está por fuera de la acción del Estado. No es estrictamente privado, pero se lo vive como si lo fuera. No es formalmente público, pero es utilizado por miles de personas como espacio de circulación y recreación.
Cuando los espacios carecen de una definición clara, las prácticas sociales se desordenan. Y cuando las prácticas se desordenan, el riesgo deja de ser excepcional para volverse estructural.
UTV, riesgo y cultura del uso
El debate público suele concentrarse en el vehículo: si es seguro o no, si corresponde su uso, si el conductor cumplió las normas. Ese enfoque, aunque necesario, resulta insuficiente.
Los UTV no son en sí mismos el problema. El problema es cómo se los integra a un entorno sin reglas claras, sin infraestructura adecuada y sin una cultura compartida de uso responsable. En contextos donde conviven peatones, familias, camionetas, cuatriciclos y vehículos recreativos, la ausencia de criterios comunes convierte al territorio en un espacio imprevisible.
Desde Umbral Noticias, el eje no es técnico ni moral. Es cultural: qué relación construimos con el riesgo, con el disfrute y con los límites colectivos.
El ruido informativo y la falta de aprendizaje
Al observar los distintos enfoques periodísticos y, sobre todo, los comentarios en redes sociales, aparece un patrón conocido:
- indignación fragmentada,
- acusaciones cruzadas,
- discusiones polarizadas,
- consumo rápido de la noticia.
Lo que casi no aparece es una conversación orientada al aprendizaje. No se discute en profundidad qué modelo de uso se quiere para ese espacio, qué tipo de regulación es necesaria ni qué inversión —pública, privada o articulada— permitiría reducir riesgos sin negar el uso del territorio.
Sin esas preguntas, no hay planificación posible. Solo reacción.
